Bombardeo en la Luna
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A diferencia de la Tierra, la Luna no tiene atmósfera. Carece de un campo gravitatorio de suficiente intensidad como para retener una envoltura de gases en torno a su superficie. Ello hace imposible la vida en nuestro satélite. Y presenta otros «inconvenientes». Uno de ellos es que la Luna está indefensa ante los meteoritos, mientras nuestro planeta disfruta de un eficaz escudo atmosférico en el que se desintegran la mayoría de los objetos que se cruzan en nuestra trayectoria: todos los que no superan el tamaño y la masa críticos para sobrevivir al roce con la atmósfera y a las elevadas temperaturas que produce.
La Luna está expuesta al impacto directo de todos aquellos cuerpos, grandes o pequeños, meteoritos, bólidos o simples partículas de polvo estelar con una trayectoria coincidente o que son atrapados por su fuerza gravitatoria. Este bombardeo permanente de nuestro satélite viene siendo captado, de forma esporádica, por diferentes telescopios espaciales desde hace una década, pero hoy se produce una inmejorable oportunidad para observarlo debido al eclipse total de Luna que tiene lugar a mediodía.
Un intenso color rojo

